Vamos patria a cambiar el p... sistema con abrazos, columnas y consignas en la plaza

Con la cuenta regresiva para terminar  un segundo año  de gobierno con un “Presidente de a sombrero”   y su actuación especial bajo el “ni corrupto ni ladrón” (pero si baboso), las inconformidades (históricas) de mi wate linda que en 2015 dieron su máxima expresión de inconformidad, no menguaron. 

Las plazas de los departamentos y la ciudad continuaron siendo escenario de manifestaciones que reclaman un cambio urgente al sistema político actual. 

Sin embargo la organización sigue siendo el mayor enemigo para ese cambio que se requiere. 

Son muchas las columnas de opinión de medios nacionales e internacionales, tradicionales y digitales, que han hecho del movimiento social una poesía abstracta y a la vez dura. 

Son muchas las veces si se cuenta desde el 2015, en que el las manifestaciones han sido un ejercicio colectivo en el que la esperanza de la posibilidad es lo que nos sostiene y nos convoca una y otra vez a ocupar el espacio público y ejercer el exquisito grito de “a ver, a ver, quién lleva la batuta, el pueblo organizado o el gobierno hijo de puta”.

Todo ha sido de ahuevo, las calles llenas de clasemedieros y mierderos, el contacto del campo con su resistencia ancestral  y la ciudad es también un avance que no se debe minimizar,  peeeeeeero , (sí, pero) hay un detalle que se olvida en este proceso. 

Ellos, los diputados, los alcaldes, el presidente, tienen legalmente el poder, y es el poder que legalmente nosotros les hemos dado, y que claro que como se los dimos se los quitamos dicen muchos, sin tomar en cuenta que no es no más de ir a abrazarnos en “la plaza”, discutir de política, tuitearles #pactodecorruptos y con carteles los sábados, que vamos a lograr amedrentarlos para que con el culito fruncido “renuncien 107”. 

Hace unos meses un congresista me dijo: ¿para qué se hizo el poder? si no se usa, se oxida. Y minutos después propuso una moción privilegiada y nos enhebró con su “poder” la desconfianza y un repudio a la función pública. 

La organización política es más que fines de semana en reuniones y conversatorios, más que abrazos y besitos en la plaza.  Aunque comprendo que el acceso al poder es limitado, y se encuentra cooptado, a la pregunta de ¿y entonces qué hacemos?, yo apelo a la participación, a dejar la discusión de intelectuales y empezar a apostarle a los espacios de poder en donde se incida de poquito en poco a hacer cambios desde el Estado. 

Porque cuando Otto René Castillo exclamó el “vamos patria a caminar, yo te acompaño”, lo hizo sumergido en la insurgencia. Así que aunque el  activismo sea una cosa preciosa, es tiempo de que le  entremos  a la organización política y partidista, que ahora no se pelea con armas pero si con astucia e intelecto. 

 

El Espurio