Breve historia de la micro jauría nacional (no autorizada por AMA)

El pobre perro del kaibil (no fue su decisión vivir en ese núcleo familiar) se encontraba solo, casi tan solo como Otto Pérez Molina. 

El pueblo entero, que tiene acceso a redes sociales, ha visto desfilar por la coyuntura, con pasito breve, al perrito blanco de Otto Pérez Molina, el mismo que fue encontrado por periodistas e inconformes cuando ladraba en soledad dentro de la casa vacía del ex mandatario, que salió, desde horas de la madrugada del jueves, para presentar la carta de renuncia que se le venía solicitando desde abril pasado, y que no había sido entregada a pesar de los más de 22 recordatorios que recibió desde entonces, mientras seguía aferrado al hueso. (El ex presidente, no el perrito). Pero como la burocracia baila lento por su calidad de lesión estatal, había que aguantar la espera, hacer llegar la carta, porque hasta no ver, no creer, aunque aquí más bien era hasta no escuchar, dijera la Cicig.

Hitler jugaba y le sonreía a sus Pastores alemanes, Bush tenía su Terrier escocés, Putin sus lobos siberianos, y el kaibil, un French Poodle blanquito. Dato que lleva inevitablemente a improvisar un ejercicio de interpretación al estilo de los nuevos medios y concluir que su elección se debió a que la carne de los perros chiquitos es más tierna, y que con los hechos que se vienen dando desde Abril, la salud estomacal del ex mandatario puede andar delicada. Por lo que no sería de extrañar que pronto fuera recluido, como parte del protocolo de poder y justicia, en alguno de los centros asistenciales que ofrecen el combo dentro de sus seguros médicos. 

A pesar de que el nombre del perrito todavía se ignora, su imagen vino a colarse rápidamente dentro de la micro jauría que transita orinando las esquinas de la historia reciente de Guatemala, y que fue inaugurada por El Cadejo, ya por demás conocido; seguido por el buen Baloo, muerto en prisión, mientras esperaba que investigadores del Inacif recibieran el resultado de las pruebas que se hicieron con sus cheles, las cuales habrían podido dar testimonios directos acerca de la muerte del Obispo;  Rocky I Harri Yoogy, de cuya tragedia únicamente nos llegó un vago retrato que quedó grabado en la mente de cientos de guatemaltecos; y este French Poodle, que según celebran los amantes de los animales no fue refacción del Kaibil. 

Cuatro perros que pasan a formar parte del patrimonio de un país que, como dueño, ve destellos de su propio reflejo en sus cuatro animales: el pasado mítico, representado por el Cadejo; el pasado oscuro, en el pobre Baloo; la visión distorsionada de la realidad que tienen los políticos, en el retrato de Rocky I; y por último la salvada que acaba de darse el pueblo de las fauces militares que ya empezaban a comerse hasta lo que uno cree indigerible. Sin embargo, los hechos han venido a reforzar el pesimismo de varios, que creen que esto solo es indicador de que la situación en el futuro podría ponerse perra. Que salte al ruedo San Francisco de Asís.

Autor:
Calamity Kid
Daltónico, sonriente, encantador y todo lo contrario
espuriologos@diarioelespurio.com

 

Calamity Kid

Daltónico, sonriente, encantador y todo lo contrario.

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