*Por Rex Mamey

Han pasado cuatro años ya en los que, gracias a la terrible ignorancia, candidez, analfabetismo, credulidad, inopia mental e idiosincrasia del buen chapín —patriota de pacotilla, temeroso de Dios, fanático desbocado y veleta irremediable (voy a donde me lleve el viento: ahora para aquí, mañana para allá)—, pero también gracias a un sistema electoral mediocre y a una leyes que, por estar en manos de corruptos, mafiosos y cancerígenos personajes del hampa política, no logran ser modificadas en pro de una nueva realidad política, más consecuente, menos viciada y más en sintonía con la democracia y con los intereses básicos del pueblo, un tal Jimmy Morales Cabrera alcanzó un estatus que, siendo sensatos y dejándonos de pajas, como dirían los muchachos, probablemente ni él se esperaba: el de presidente de la República de Guatemala. Un traje de etiqueta que le quedaba grande no, enorme, ¡bailando!, pero que aún así, decidió hacer suyo y empezar a lucirlo con muecas estúpidas desde el minuto 1 de juego. Sí, un tipo carismático (eso hay que reconocerlo) y dicharachero, sin apenas recorrido político, actor de profesión y emparentado más con la televisión y el espectáculo, influenciado y financiado, especialmente, por entes oscuros de la viaje escuela militar y por empresarios de la perniciosa elite empresarial guatemalteca, que logró llegar al poder con un lema más falso que los billetes de 60 quetzales: ni corrupto ni ladrón. Producto del populismo más recalcitrante, irrumpió en el panorama político alegando ser un rostro nuevo, un tipo que, contrario a los demás, no había tenido ningún opción a robar, a corromperse y a beneficiarse de las arcas del Estado y que, por lo tanto, podía llegar a inspirar cierta confianza.

Nada más lejos de la verdad. Y de la realidad.

Su gestión probablemente entre (o ya haya entrado) en el libro Guinness de los récords como la peor de la historia política de Guatemala, traduciéndose esto en una época saturada de desaciertos, ridiculeces, fallos garrafales, demagogia, descaro y retraso significativo en casi todos los aspectos que atañen al desarrollo de un país como Guatemala. Podríamos elaborar una lista que expusiera todo lo negativo (que ahoga considerablemente a aquello poco que podría definirse como positivo), pero caeríamos sin duda en un irremediable estado de malestar (superior al de una goma monumental; yo sé lo que les digo) rabia, asco y desasosiego que, por salud mental y física, vamos a ahorrarnos. ¿Por qué? Pues porque no todo ha sido tan desastroso, mai frens. No, el señor James, o simplemente J, como lo llaman los intelectuales, no lo ha hecho tan mal. No, dadas sus dotes actorales, creemos que para él, todos estos años de desgobierno, han sido una especie de rodaje interminable para una película que nunca se llegará a estrenar, puesto que se fue estrenando día a día. De hecho, si existiera un premio de la Academia a mí, personalmente, me haría mucha ilusión y supondría un honor bárbaro entregárselo; no en persona, porque fúchilas, pero aunque sea por correo. ¿Existe el correo en Guate? ¿Sí, no? Bueno, pela la verch.

«Mr. Histriónico». Ése sería. Ni más ni menos.

Sí —y esto deberían leerlo los más ilusos y también sus estúpidos votantes—, porque el señor Morales no ha tenido más alternativa que dedicarse a actuar, a representar un rol, un papel; a darle vida a personajes variopintos dentro de alguno de sus sketches de mierda; a contar chistes y anécdotas estúpidas como relleno a intervenciones en donde no sabía qué decir para ganarse a la audiencia, al público; en fin, a interpretar… a ver si así la gente le creía. Sí, no nos engañemos, es lo único que ha hecho y lo ha hecho con gran fervor, como todo un profesional, como para que veamos que tan tirado a la mierda no está, ojo. Está claro que actuar es lo único que quizás pueda llevar a cabo con propiedad. Al César lo que es del César. ¿Sí o no? Pero como sé que se la llevan de escépticos, analíticos, moderados e hipercríticos, les he preparado un fiambre, aunque no estemos en noviembre, para que disfruten de Mr. Histriónico y saquen ustedes mismos/as sus conclusiones. Afectación desmedida, arrumacos inverosímiles, exageración recurrente, sobreactuación descarada, gesticulación innecesaria, falsa comprensión de lo dialogado, hipocresía disfrazada y mal simulada… en fin, un muecas, un bufón, un mequetrefe, un fantoche dador de material infinito y eterno para memes de hoy, de pasado mañana y del futuro. ¡El rey del histrionismo! ¡Con una hemeroteca que parece interminable! Como suelo proclamar de vez en cuando en Twitter, GOSADERA ha habido. Y eso es lo único que este señor nos ha dado; ese ha sido su gran aporte como presidente de Guatemala. ¿Qué más podía hacer? Nada. Es como si alguien que jamás en su vida haya pateado un balón y de repente lo ponen en el centro del campo en medio de un partido ya empezado, y no tiene más que ver cómo putas se quita el vergazo y hace como que sí controla, pero al final es más que evidente que lo único que está haciendo es el ridículo. Pues lo mismo Yimmi.