Por el Rex Moderno y Vibrante Mamey

¡Qué hongo, banda! ¿Ya en plena penitencia por Cuaresma? ¡Dónde pisados! ¿No cambian, va, pizarrines? Está bien, ahí cada quien, yo no me meto. Pues fíjense que volví a las andadas de las columnas periodísticas modernas pero solo de manera excepcional, así que no se me vayan a emocionar, humedecer ni a ponerse con exigencias populistas. Georgie Soros no quiere que ande perdiendo el tiempo en babosadas, hombre. ¡A lo hembra! Y como el de la faifa es él, pues no hay cacha de alegar. Entonces el panorama es ése. Lo que pasa es que viendo y tanteando lo que se avecina con esto de las Elecciones 2019 en lo que es y viene siendo Guatermosa, puta, imposible quedarse con el hocicote callado. No se puede. Hay tanto que decir al respecto, fíjense banda, que uno pasaría todo el santo día volando lengua, y no precisamente como uno quisiera, ¿verá? Ay, sea por Dios.

Para empezar, pensemos en lo que conllevan las archiconocidas y demenciales campañas electorales. En un abrir y cerrar de ojos, uno se encuentra con que hay un pijazal de «partidos políticos», la mayoría sin ninguna ideología definida ni trayectoria política, social ni cívica, al menos; y con nombres culerísimos como CHIMAR, TUANIS, PENCA, HERPES, VONÓS, CUTUTUY, VENGASE, PAJA, RONCHA, LOL, etc., y eslóganes que ni a frases de superación llegan, por lo absurdamente falsos e inverosímiles. Esos grupúsculos de mierda,  dispuestos todos a derrochar pisto en puta con tal de ver si se les hace el milagrito, se conforman casi de la misma manera que cuando uno está con sus cuates de la cuadra echándose unas frías en la tiendita de rigor después de la respectiva chamusca sabatina, y de repente un chato dice: «Muchá, ¿y si armamos un equipo y lo metemos a Futeca?». Y entonces ese sudor pegado a los pescuezos, brazos, pechos, caras y axilas se convierte en fervor y en entusiasmo. Y casi al mismo tiempo en sus mentes, levemente alcoholizadas (porque solo llevan los primero 4 litros entre 10 pisados), se empiezan a construir momentos de gloria, gestas futbolísticas, aplausos y vítores; euforia desmedida, penales con muerte súbita y golazos en tiempo de descuento; alegatos arbitrales, expulsiones controversiales y vergazos con equipos rivales; muchachas guapas en el público, ametralladorase, el mentado VAR y trofeos de plástico para chilerearles a sus traidas y familiares. «¡Óraleeee! ¡Buzooos! ¡Démoleeeee!». Y de ese espejismo emocional, de ese oasis de ignorancia suprema, surge una conjura entre panzones, patas flacas, ishtos cagados, madrimaltecos, barcelomaltecos y chavorruquers: meterse a algo para lo que no están preparados, disfrutar de la alharaca, de la pantomima y a ver qué sale, porque primero Dios sale alguito. Y ojalá la política fuera como una chamusca o un partido en Futeca que, si se pierde, pela la verga. Siempre habrá más chamuscas y más partidos de fut. Pero lo que ocurre con el país con tanto partido seudopolítico (ideologías ausentes, transfuguismo, campañas negras, financiamiento ilícito y todo tipo de transes incluidos) es que el estado de derecho se va desgastando, se va erosionando, se va pudriendo y su razón de ser queda en entredicho. Y eso es lo realmente yuca, eso es lo pisado. Cualquier me puede decir: «Pero, Rex, ¿cuál es el clavo en que participen, pues? ¿No de eso se trata la democracia?» Y mi respuesta es que yo ya no creo en esa excusa pisada, así de sencillo.

Bien, para mí hay dos segmentos de población que ven con distintos ojos esto de las campañas electores y las elecciones, muchá. Por un lado, segmento 1: la clase baja (los pobres, los marginados, los «como no me los topo a diario, no existen»…) y gran parte de la clase media de barrios obreros de la capital y de las áreas rurales; por otro, segmento 2: el resto de la clase media (los wannabe aspiracionistas, especialmente) y la clase alta (los fufurufos pipirisnais y sus burbujas habitacionales), la mayoría capitalinos. Para ilustrar esto, permítanme remontarme a mi infancia allá por los años 80 en mi natal Jocotesburgo de la Asunción (pueblo de mis amores hasta hace aproximadamente unos diez años que empezó un irrevocable proceso de chimaltequización que ni para la vida de la más joven) y hablar de mi caso en particular como miembro del segmento 1. Si la memoria no me falla, cada vez que un candidato llegaba en caravana a hacer su mitin a la plazuela, casi siempre sábado o domingo, el ambiente que se vivía era similar al de una fiesta. La gente se dejaba venir de las aldeas y caseríos de todo el municipio a esperar a que apareciera la filota de carros, la bulla de las bocinas, los altoparlantes, la musiquita de campaña y, por supuesto, los presidenciables y candidatos a diputados acuerpados por sus guaruras y sus familiares. Cuando se iba acercando la hora, la plazuela estaba llena y uno de chirís tenía que dejar de jugar lo que estuviera jugando e irse a meter entre todo el gentío pisado a papalotear y a abrir el hocico. Recuerdo perfectamente que mis comentarios eran del tipo: «Puta, qué canche es el Arzú y su familia», «¡qué blanco y grandote es De León Carpio», «qué fichuda debe ser toda esta gente!», «¿De dónde salieron todos esos chancles, el Serrano, el Vinicio Cerezo, con sus ropas impolutas, su porte, sus sonrisas perfectas, en fin. Mis ojos de niño de pueblo se bañaban de fascinación y me imagino que lo mismo (o peor) le pasaba al resto de los presentes que, obviamente, estaban ahí más por su cacucha, su playera o lo que fuera que por otra cosa. Esos días quedaban marcados en el imaginario popular del pueblo, lo cual se podía comprobar años después cuando uno recordaba «el día en que había venido Ríos Montt o cualquier otro mierda de esos al pueblo».

¿A qué voy con esto? A algo tan sencillo como triste y lamentable. Cuando ahora todos nos burlamos de la gente del segmento 1, que se deja apantallar y engañar con cualquier mierda por aquellos que aspiran al poder y que, por ende, tienen la culpa de todo, somos incapaces de pensar que para esa gente las campañas electores —y aquí viene lo tremendamente triste— suponen una ruptura en unas vidas carentes de distracciones, suponen un entretenimiento. Hablo de la gente que, al contrario que los del segmento 2, no tienen acceso fácil a cines, teatros, museos, espectáculos, conciertos, viajes, festivales, eventos deportivos, circos, etc. Desgraciadamente, todo ese montaje deleznable, ese patético show que la mayoría de partidos políticos monta para ir regalando mentiras, promesas y farsas a granel, es posiblemente su única distracción a lo largo del año… ¡cada cuatro años! A mí, no sé a ustedes, esto no sólo me parece triste sino indignante, pero no por el compartimiento de la gente, sino por el de los supuestos políticos que cada cuatro años saben perfectamente dónde está la gallina de los huevos de oro, que saben de sobra que si se van de gira por el interior y se desviven por abrazar, estrechar manos, besar y hasta sobar a la gente como si fueran apóstoles o ídolos mesiánicos, dádiva chafa incluida, están transitando por la vía correcta. La pura y descarada vendedera de humo, muchá. ¿En qué rastro habrán comprado el cuero que llevan puesto en lugar de piel estos caras de mi mero culo?

El rigor y el escrutinio férreo de nuestra ciudadanía debería de focalizarse en toda esa partida de malparidos que siguen repitiendo el modelo de hacer política electoral, muchá. Y esto, de verdad, va mucho más allá de ser de izquierda, de derecha, de ser político o apolítico. Ya sabemos que modificar las leyes electores de partidos políticos sigue siendo una especie de utopía, ya sabemos que la falta de educación ha hecho y sigue haciendo un daño incalculable en gran parte de nuestra población, ya sabemos que los que roban sin ser descubiertos van a seguir haciéndolo y que son capaces de darle las nápiras al mero chamuco con tal de que no se les caiga el negocito. Si llega el momento de las elecciones y ven que estas son un hecho, piensen mucho antes de abstenerse a votar, piensen antes de votar nulo, piensen antes de votar por equis o ye, piensen en los aspirantes al congreso, en los alcaldes. ¿No están a verga de tanto mequetrefe que llega a cargos públicos, al Congreso, ministerios, etc. y que ni siquiera escribir y hablar bien pueden?, ¿que lo único que quieren es mantener al país sumido en la corrupción y en el retraso? Yo sí, muchá. Así que piensen, por una maldita vez con algo de seriedad y sentido común, en Guatemala y en el país que le quieren dejar a sus hijos, hijas, hijxs, hijes, pussies, pipes y pijijes. Si esta babosada no empieza a cambiar, olvídense. De ahí no me anden buscando para quejarse, fíjense lo que les digo.

Con acritud, Rex Moderno y Vibrante Mamey